Águila Roja: Capítulo 11

Escrito por Editor Categoría: Águila Roja, Series Españolas, Televisión

Dejábamos a nuestros amigos del siglo XVII sumidos en algunos problemas. El asesino de niños sigue suelto y sembrando el pánico, causando no pocos conflictos, como el encarcelamiento injustificado del médido. También dejábamos a Lucrecia al borde del patíbulo.

[Más...]

Alonso tiene pesadillas por las noches tras ser capturado por el asesino de niños. Estando ya el doctor en libertad, el asesino sigue libre.
Lucrecia se ha librado de la pena de muerte. El Rey Felipe II se ha conformado con la cabeza de uno de los nobles, intentando dar así ejemplo a los demás. No parece que lo haya conseguido ya que la conjura contra él continúa con más fuerza. Ha llegado a Madrid un francés de la casa de los Borbones, al que toda la Logia rinde pleitesía como sucesor de Felipe II. Pero antes, tendrán que eliminarle.

En la alcoba de Lucrecia, que en esos momentos comparte con el Comisario, irrumpe de noche una monja que le trae noticias. El Comisario es invitado a marcharse y lo hace ante los atónitos ojos de la religiosa, sin vestirse siquiera. La monja cuenta a Lucrecia que aquella persona que tenían a buen recaudo por su encargo, ha escapado. No tarda mucho la Marquesa de Santillana en atar cabos.

Por otro lado, el médico ante la petición de Catalina, reconoce a Murillo, que está mal alimentado. El niño necesita carne. Pero en casa no hay dinero, la marquesa va atrasada en los pagos de los sueldos y cuando Catalina acude a ella, otras preocupaciones de la marquesa, como alimentar a su perro y encontrar al fugado, hacen que la despida con cajas destempladas.

Catalina entonces intentará vender sus pertenencias en la calle y es sorprendida por Sátur quien se lo impide y promete ayudarla. De noche, van los dos a cazar furtivamente a los terrenos de la Marquesa. Algo que está prohibido y duramente castigado. Sátur se lleva varios zurrones, entre ellos uno bordado por Margarita y que lleva el nombre de Gonzalo. Por error y dado que es de noche, además de un buen montón de conejos, mata al perro de Lucrecia. Catalina y Sátur consiguen sin embargo, huir sin más consecuencias. Pero a la mañana siguiente, un pobre hombre es ejecutado en presencia de todos los criados por matar al perro y cazar en coto privado.

Lurecia encuentra por fin al fugado, que resultará ser su hermano. De pequeño y para que no interfiriera en su boda con el marqués, fue encerrado en un convento. Era un niño al que le gustaba ya la sangre y matar animales por placer. El hermano de Lucrecia es el asesino de niños. Ella lo esconde bajo llave pero Nuño, que la ha seguido, descubre a su madre en actitud sospechosa y decide investigar por su cuenta. Abre el escondite y encuentra a su tío, aunque el no lo sabe, está en grave peligro. Su tío le regala un dibujo de su madre y él de niños, pintado con sangre.

Al día siguiente en la escuela, Nuño deja caer sin querer el dibujo y Gonzalo, el maestro, que ya había visto un dibujo similar, ata cabos. No hay tiempo que perder. Lucrecia ha mantenido silencio todo el tiempo, pese a que comprende el horror de lo que tenía delante. Pero a fin de cuentas es su hermano. No sabe que ya Águila Roja y el Comisario, están bajo su pista.

Nuño acude desde la escuela directamente al escondite de su tío. En esos momentos, el asesino de niños está incontrolable. Lucrecia entra a tiempo de ver como su hermano, atrapa a su hijo. Lucrecia ordena al hermano que lo suelte pero éste la golpea y huye con Nuño al bosque.
Allí es interceptado por Águila Roja que le conmina a soltar al niño pero nada puede hacer para evitar lo que está por venir: el asesino de niños planea romper el cuello del niño con sus propias manos. Justo a tiempo, el comisario dispara al hermano de Lucrecia ante los ojos espantados de ésta, que contempla como su hermano muere pero su hijo se salva.

Para dar ejemplo y demostrar que sabe hacer las cosas, el Comisario que se ha visto increpado por los ciudadanos por primera vez por este caso, ordena colgar el cuerpo del asesino en las calles de Madrid. Cuando no hay nadie, Lucrecia acude a ver el cuerpo en lágrimas. Gonzalo, se acerca a ella quizás para consolarla. Es el único que se ha dado cuenta de la verdad, que el asesino de niños era el hermano de Lucrecia. Pero ésta, no quiere fiarse de que Gonzalo guarde silencio y le amenaza con la Ley: sus hombres encontraron el zurrón con su nombre en sus terrenos de caza y le lanza una amenaza clara: yo por esta vez no digo nada y tú, tampoco.

Con el asesino muerto, todos respiran un poco mejor, incluído Alonso que no podía dormir por las noches, ni siquiera la presencia de Águila Roja lograba confortarlo. El médico sigue intentando la conquista de Margarita ante un Gonzalo que como siempre en estos casos, deja que las cosas sigan su curso. En adelante además, Gonzalo se hará cargo de que a Catalina no le falte comida.



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2 Respuestas para “Águila Roja: Capítulo 11”

  1. hola

  2. MEGUSTA NUCHIU ESTA SERIE I EL Alonso esta buenisimo me gusta muchio. si ai alguna falta de ortogafia perdona pero no escribo bien del todo grasias por asgu chiarme

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