Gran Hermano 11 – La casa al revés
Esta semana las cosas han dado un vuelco en Gran Hermano 11. Es ahora cuando los concursantes se dan cuenta de que están en la nueva era del concurso. Casi todos los concursantes de la casa 11 están o expulsados o han pasado a la casa espía, a excepción de Melanie que es la única que sigue donde está desde el principio.
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En un golpe de timón dado por los guionistas y aprovechando que los nominados de la semana eran 5, se ha producido una invasión en plan ocupa de la casa Espía. Arturo, Rebeca, Toscano y Tatiana, supervivientes de la expulsión de Juan, en lugar de volver a donde habían salido, cambiaron de casa y ahora hacen compañía a las dos Carolinas. Los espiados se han convertido en espías.
Por otro lado y con la entrada de Laura en la casa 11, allí están ahora: Hans, Saray, Ángel, Gerardo, Melanie y la propia Laura. Todos se conocen salvo Melanie. Ella aún no ha descubierto el secreto aunque lo sospeche. Los espías se han convertido en espiados.
Indhira sobre todo lleva mal estar sin ropa, ya que a los concursantes que entran en la casa espía les quitan la maleta y deben aprovechar lo que les sobra a los demás, y el maquillaje. Se siente desnuda sin maquillaje. Con la entrada en la casa espía además, Arturo ha descubierto a Carol. No debería de ser un problema dado que Indhira y Arturo ya no son pareja pero lo es.
Carol ha confesado que soñó la noche anterior con Arturo y que le “daba un morreo” y se lo ha contado a Indhira que ha arrugado el rictus.
Indhira es muy desgraciada, su ex amante se ha fijado en Carol mientras que ella está sola. Carol por su lado no quiere hacer nada por vergüenza con sus padres pero calienta las cosas, excita a Arturo y hace llorar a Indhira. No parece una buena táctica para entrar en la casa 11. El jueves, los cuatro “infiltrados” en la casa espía deberán decidir entre Carol y Carolina, la última entrada en la casa 11. Mientras Carol despierta los odios de Indhira y los recelos de los demás a los que no le gusta su juego, Carolina se relaciona con todos sin dejar a nadie al margen.
Tatiana mantiene su tira y afloja con Toscano, que no les lleva a ninguna parte, teme por la suerte de Melanie, rodeada de nuevos y apartada de todos los compañeros. Por el contrario, Melanie se mueve ahora como pez en el agua y todo parece indicar que esta separación temporal, que ella desconoce por cuanto tiempo, le ha venido bien para reflexionar y relacionarse con otra gente.
Por otro lado, parece que Hans y Ángel han hecho las paces, tras la sonora pelea de la semana pasada en la que pareció que las posturas no podrían acercarse nunca. Si es que, como todo en la casa de Gran Hermano, crece demasiado rápido y encoge a la misma velocidad, a excepción del delfín de Arturo.
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